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Vasily Kandisky
. 1928, acuarela y tinta china sobre papel, 20,8 x 34,5 cm. Universidad de Colonia.


Formaba parte de los decorados para Bilder einer Ausstellung de Músorgski. Los figurines dejan entrever rasgos figurativos, aunque deben entenderse como "seres vivos formales y cromáticos" para la escenografía teatral. Es un teatro entre lo concreto y lo abstracto.



Mural dividido en tres partes, casa del doctor Rabe de Oskar Schemmer, Zwenkau. 1930-1931. Foto de Hajo Rose.

En el mural se representa una figura sentada con una figura de espaldas dobre la mano. En el centro está representado el sol y a la derecha el perfíl de una persona. La idea de ser humano diferenciado, desarrolada hasta el año 1919 y que en este caso está encarnada en la figura sentada, se convierte en centro gravitatorio del relieve de alambre del muro.



László Moholy-Nagy, Cuadro telefónico
. 1922, esmalte y acero, 47,5 x 30,1 MOMA, Nueva York.

Creatividad industrial sin pincel: si hemos de creer la leyenda, Moholy encargó estos cuadros a una fábrica de esmaltes haciendoles llegar por teléfono las coordenadas de un dibujo que habia realizado sobre papel milimetrado. El resultado es el prototipo de la producción técnica de cuadros.








Vasily Kandisky, Hilera de dibujos. 1931, acuarela por inyección sobre tiras de papel pintadas previamente con acuarela, todo sobre cartón, 50 x 24,6 cm. Centro Paul Klee, Berna.



Kandisky se preocupó, tanto en la teoría como en la práctica, de la esencia de las letras. Así, en las Hileras de dibujos recuperó la interpretación mística de los jeroglíficos egipcios, entendidos como signos mágicos. La palabra, el cuadro, la letra y la forma son elementos de un nuevo idioma de carácter metafísico.





Josef Albers, Catedral. 1930, vidrio opaco tratado con chorro de arena, 34,3 x 48,3. Clección The Josef Alber.







El vidrio opalino de color blanco se fundió para originar el colorido de este fragmento. Los colores, que sólo aparecen en los puntos que se cubrieron antes de aplicar el chorro de arena, se completaron manualmente con una capa posterior. Gracias a una planificación exacta y a la técnica desarrollada por Albers, los fragmentos de vidrio que conseguían una precisión geométrica excepcional y unos efectos cromáticos que únicamente son posibles con este material.



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